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Historia del Tapiz. Nuestra nueva colección de ...

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Historia del Tapiz. Nuestra nueva colección de tapices

Historia del Tapiz. Nuestra nueva colección de tapices

A la necesidad de decorar los muros responde el origen histórico de los tapices decorativos, una función que también cumplían las pinturas murales egipcias y de los relieves asirios, pero a la que sumaban su capacidad de abrigarlos. Los tapices deben remontarse a los primeros tiempos del tejido decorado.

 

Un tapiz es una obra de tejido hecha a mano en la que se reproducen figuras, algo semejantes a las pinturas, pero utilizando hilos de distintos colores. También se utiliza la expresión "arte de tapicería", que no debe confundirse con la tapicería entendida como artesanía encargada de tapizar muebles.

 

Los tapices servían desde su origen remoto para abrigar las paredes en tiempo frío, evitando la radiación fría, mejorando la sensación térmica en las estancias. Lo más probable es que los primitivos tapices fueran simplemente paños gruesos colgados de las paredes o extendidos en el suelo. Con el tiempo, fueron incorporando decoración y materiales caros como el oro, la plata y la seda, convirtiéndose en objetos suntuarios y en auténticas obras de arte.

 

Uno de los objetos más antiguos que puede considerarse un mueble decorativo es el tapiz. Se utilizaba para cubrir vanos y paredes, suelos y muebles importantes; hasta el siglo XVI se confundían los tapices propiamente dichos con los tapetes y alfombras. Desde el siglo XV los tapices se empleaban también como colgaduras en la decoración de las vías públicas con motivo de cualquier celebración importante. A partir del siglo XVII se popularizó el uso de las alfombras y los tapetes, distinguiéndolos de los tapices.

 

Algunos pintores de la talla de Rafael, Rubens, y Goya realizaron modelos pictóricos, denominados "cartones", para la confección de tapices.

 

Aunque el tapice sea uno de los muebles decorativos más antiguos no han prevalecido pero los podemos encontrar en muchas representaciones antiguas como las pinturas de uno de los célebres hipogeos de Beni-Hassán donde se halla representado un telar idéntico a los de alto lizo en el que trabajan dos tejedoras, y en otras pinturas del antiguo Egipto se dibujan cortinas que parecen de tapicería. El mismo carácter se descubre en varios relieves de los palacios asirios. También entre las descripciones del Tabernáculo judío se encuentra la del suntuoso tapiz ordenado por Moisés a modo de tienda del desierto. O en la Biblia recoge la existencia de la cortina o velo del templo de Jerusalén, dispuesta por Salomón con gran magnificencia, y que según Flavio Josefo, era de arte babilónico. No obstante, parece que en dichos cortinajes las figuras estaban bordadas y no tejidas. Los antiguos griegos debieron usar tapices decorativos según se desprende de algunas decoraciones pictóricas de su cerámica. Así mismo los romanos, como lo revelan los cortinajes figurados en las pinturas murales de Pompeya, además de testimonios literarios de los que se infiere que dichas piezas procedían de Oriente. Salvo algún raro fragmento, no se conservan muestras de aquella época, aunque sí los tapices coptos, En la Edad Media, tanto en el Imperio bizantino como en la cristiandad latina, embellecían costosos tapices los muros interiores de la iglesias y palacios. Aunque los originales se hayan perdido, se sabe que muchos modelos de mosaicos y tallas escultóricas fueron tapices bizantinos y coptos. La denominación de "página tapiz" para una tipología de ilustración de libros del arte hiberno-sajón refleja una similitud evidente con la trama geométrica del arte textil de tapices o alfombras del arte islámico. Incluso en la época del gótico internacional los tapices contribuían al esplendor de las grandes fiestas, lo que facilitaba su carácter movible. La posibilidad de ocultarse tras un tapiz para evitar ser visto, espiar o incluso asesinar, se convirtió en un tópico literario de la época de la literatura caballeresca o posteriormente de los dramas shakesperianos. Estofas y reposteros constituían buena parte de los ajuares de las casas nobles. Para cubrir las paredes de salones lujosos se empleaba también desde el siglo XIV o XV el guadamecí, y desde el siglo XVI el terciopelo de seda bordado y el damasco.

 

Hemos ampliado nuestra colección de tapices con piezas realmente impresionantes.

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