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¿Qué hace una escultura en mi casa?

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¿Qué hace una escultura en mi casa?

Toda escultura es un mensaje del artista. Sea una expresión de emociones, ideas o elevadas inspiraciones la escultura encierra un alma a la que su creador le dio forma.

Pero al contemplar una escultura o elegirla para tenerla cerca en nuestro hogar o espacios que habitamos, lo hacemos por muy diferentes motivos, aunque no siempre sepamos cual fue la intención del artista. Es como si cada cual le diera nueva vida a través de su imaginación y las resonancias que en uno despierta.

Por que tenemos esculturas en casa.

Cuando de arte se trata, los motivos quizás sobran. El más común puede ser que se trate de una escultura muy agradable para uno y que se ajuste a las propias tendencias. También puede ser un regalo de una persona especial traída de una parte del mundo cuya historia es sorpréndete.

Puede ocurrir también que tenga una increíble historia la cual genere temas de conversación muy interesantes entre los invitados. En otros casos les otorgamos un carácter mágico, tratando de atraer fortuna atrae fortuna, prosperidad, salud, etc.

 Dionisos Sardápalo

Por otra parte, la belleza de este tipo de obras hace que la vivienda tenga un ambiente mucho más elegante. Suelen ser piezas decorativas de alto impacto simbólico o estético que solo generan beneficios al ser humano. Para quienes somos amantes de la cultura el tenerlas en casa nos proporciona inspiración, la cual compartimos con familiares y amigos.

Que representa una escultura en mi casa

Cuando entramos a una vivienda que tiene muchas obras de arte clásico pensamos automáticamente que sus habitantes son muy cultos. Tal vez esto no sea siempre así, en el sentido intelectual del termino, pero con seguridad que se trata de personas sensibles a la belleza y a la historia del ser humano.

Cada escultura nos habla de su tiempo y de su mensaje.  Al profundizar en ello nos enriquece y llena nuestro mundo interior de resonancias y experiencias. Poder dedicarle un tiempo a buscar interpretaciones y compartirlas con otros, nutre considerablemente nuestra cultura. Muchos expertos consideran que tener esculturas en casa nos permite tener una mente más abierta y así identificar elementos que nos rodean que pocos descifran.

Que aporta la escultura en la decoración

Para muchos la función principal de una escultura es la de decorar espacios domésticos, comerciales, museos, salones, entre otros.

Tener esculturas adecuadas a la vivienda es clave para resaltar la elegancia del hogar. Se debe componer los espacios con elementos que mejoren la belleza y armonía del lugar. La escultura debe ser agradable y generar sensaciones interesantes. No siempre un espacio pequeño exige esculturas pequeñas. Una escultura de relevancia, bien ubicada puede dar a un espacio íntimo una atmosfera especial.

En cualquier caso, lo que elegimos para que nos acompañe en nuestra vida, en nuestro hogar, siempre habla de nosotros. Por eso debemos elegir aquello que nos gusta y nos define y no lo que la moda nos impone.

 

 

 

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El eterno eclipsado. Lorenzo Bartolini.

hb_03.11a-dLorenzo Bartolini. El eterno eclipsado.

 Tanto en el Renacimiento, como en el Barroco y Neoclasicismo, encontramos autores dentro de todas las artes que ocupan el lugar más representativo del movimiento. Sin embargo, detrás de estos iconos, no siempre se le hace justicia al resto de artistas que llegaron a un nivel igual o incluso mayor en algunos casos de capacidad creadora. Pocas veces la historia ha sido tan injusta con un personaje como el de Lorenzo Bartolini; quizás se deba a su cercanía a Napoleón Bonaparte, por lo que los vencedores contribuyesen a eclipsar la importancia de este artista.

Considerado actualmente uno de los más importantes escultores de la época posterior a Antonio Canova, se formó en la Academia de Bellas Artes de Florencia y practicó la escultura en mármol y alabastro. Gracias a la hermana de Napoleón, Elisa Bonaparte, fue nombrado profesor de escultura en la Academia de Bellas Artes de Carrara, en 1807, y se convirtió en el escultor oficial de la casa Bonaparte.

 

 

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La Ninfa dello scorpione (1845); Museo del Louvre, París. 

Tras la caída de Napoleón, regresó a Florencia, donde vivió una serie de años no demasiado fáciles para el artista, pues sus ideas políticas discrepaban con la actualidad del momento. Se dedicó a responder a encargos para extranjeros acaudalados y a producir copias de esculturas antiguas, las cuales servían como recuerdo para los aristócratas que pasaban por allí. Entre sus clientes contaba, entre otros, con el XIV duque de Alba, por lo cual varias de sus obras se conservan en el Palacio de Liria de Madrid.

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La fe en Dios  (1834-1835); Museo de Poldi Pezzoli, Milán.

Fue también docente en la Academia de Bellas Artes de Florencia desde 1839, luchando por difundir un estilo de escultura más ligado a la vitalidad naturalista, por encima del idealismo académico. Fue famosa la clase en la que presentó a los estudiantes un modelo jorobado, indicándolo, en su género, como un "ejemplar".

Su obra más conocida, busca aún más la naturalidad en el cuerpo. Además de recibir inspiración de la Maddalena penitente de Canova, la idea de esta pose le llegó al artista observando a la modelo que se relajaba después de pasar horas posando para otra escultura. No se trataba ya de plasmar el ideal humano, sino de naturalizar su existencia, embellecerla no a base de imaginación, sino de una visión profunda sobre el modelo real, intentando evidenciar en la imagen representada rasgos interiores característicos. La escultura fue encargada por Rosina Trivulzio Poldi Pezzoli quien, después de haber quedado viuda de su marido, veía la figura como una imagen para consolarse por su abandono en la fe después del luto.

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La Tavola degli amori (1845); Museo de Arte Metropolitano, Nueva York.

De esta manera, Lorenzo Bartolini, incluso en sus obras más neoclásicas como Dircè, Venere o su Ninfa dell'Arno, expresa de una forma contenida, idealizada, pero con un idealismo que poco a poco consigue la expresión natural de la modelo. Saber mirar, ése sería el objetivo; el neoclasicismo mira con la imaginación, idealiza la realidad para hacerla trascendente, es platónico; el romanticismo, en cambio, mira con los ojos de la emoción; Bartolini pretende mirar sin necesidad de sublimar ni denostar, solo escudriñar qué hay de bello en lo observado, hallarlo y representarlo, no para trascender, sino para reafirmar lo que a menudo pasa inadvertido para la conciencia: toda la naturaleza es hermosa.

Después de su crisis pos-napoleónica, cuando los aristócratas y la nobleza culta definieron en él a “un innovador necesario para los tiempos que llamaban a las puertas del arte”, llega la etapa del escultor más depurativa, en la que logra sus mejores y más celebradas realizaciones: La Fiducia in Dio,  La Carità Educatrice, La Ninfa dello Scorpione, La Table aux Amours... entre otras, muestran el logro de fundir tres épocas: la Grecia clásica (junto al neoclasicismo), la Florencia del Quattrocento y un siglo XIX que entraba fuertemente con sus tintes románticos.

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Monumento Funerario a Nicolás Demidoff; Museo Cívico, Prato, Italia.

Todo esto le debe el arte escultórico a Lorenzo Bartolini, su influencia y su herencia son realmente valiosas; lo incomprensible es que fuese relegado prácticamente al olvido, situado fuera de los círculos más cultos del arte. Dentro de todos los campos encontramos genios abandonados en su época, en la música, en la literatura; el mismísimo Mozart fue alejando del mundo en el que había triunfado. El ser humano se comporta en muchas ocasiones de esta manera, lleva a la cima y derriba con el mismo entusiasmo el trabajo por el que alguien da toda una vida; pero gracias a que cada uno de estos marginados apostaron por sus propuestas, llegan a día de hoy a nuestros tiempos, imperecederos, dejando en sus obras el inequívoco sello de su original personalidad.

Aplicación

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Antonio Canova. La escultura hecha realidad.

Carolus-Duran_1838-1917._Hebe_1874Antonio Canova. La escultura hecha realidad.

Posiblemente la escultura es, entre muchas artes, la menos reconocida y alabada por el público ya que, en muchas ocasiones, la sustituimos por la pintura o la fotografía. ¿Vemos la realidad mejor representada en una foto que en una escultura? La respuesta debería ser, como en muchos casos de la vida: “depende”.

Antonio Canova es, sin lugar a dudas, uno de los mejores escultores de todos los tiempos. Italiano, nació en un pequeño pueblo de la región de Véneto llamado Possagno, de apenas unos 2500 habitantes en la actualidad, donde se encuentra un museo dedicado a su obra. Desde niño comenzó a jugar en el taller de su abuelo quien, tras descubrir el talento del pequeño, no dudó en motivarlo encargándole algunos trabajos menores, en este caso altares. Su abuelo estaba patrocinado por la acaudalada familia Falier de Venecia y, a la vista de las aptitudes del joven Canova, el senador Giovanni Falier se convirtió en su protector. Pronto sus obras fueron elogiadas por su virtuosismo precoz y recibió los primeros encargos.

A la corta edad de 22 años se trasladó a Roma, centro de todo artista del momento que quisiera aspirar a la fama. La ciudad italiana era un gran museo en pleno apogeo, plagada de monumentos antiguos y grandes colecciones; era el lugar donde conformarían el neoclasicismo y, además, donde se encontraban la mayoría de las copias auténticas para estudiar de primera mano la producción artística de la época clásica.

 

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Rostros de "Las tres gracias"; Museo del Ermitage, San Petersburgo.

 

Siempre amante del arte antiguo, adoraba también la literatura clásica, la cual leía mientras realizaba sus esculturas, en incluso encargaba que alguien leyera para él. Este amor por lo clásico marcaría toda su carrera como escultor. El movimiento neoclásico no sólo supone un regreso a la Antigüedad en cuanto a temas, sino también en lo referente a las formas. El mármol y el bronce fueron la carne de los antiguos héroes, mostrando unos volúmenes suaves y, a su vez, detallados.

A pesar de sus condecoraciones y prestigios dados cuando alcanzó la fama, nunca mostró, según biografías, que el deseo de gloria personal fuese su principal objetivo. Gastó gran parte de la fortuna que llegó a acumular en obras de caridad, promoción para asociaciones y apoyo a los jóvenes artistas. En ocasiones, compró obras de arte para los museos públicos con sus propios fondos, además de colecciones de libros para bibliotecas, teniendo que ser advertido por sus más cercanos de que no gastara en demasía sus ingresos en problemas ajenos.

 

      “La forma no es la representación física de la cosa, sino la cosa sublimada, incorporada al plano de la experiencia sensorial y al plano del pensamiento. Así, Canova realiza en el arte esa misma transformación de la sensación en idealismo que, en el campo filosófico lleva a cabo Kant, en la literatura Goethe y en la música Beethoven”.

 

Giulio Argan

 

Mostrando así su ideal de belleza, Antonio Canova representa un antes y un después en la escultura. Sus obras más aclamadas son fruto de una incansable iniciativa en su trabajo, se sabe de relatos de sus cercanos que durante su juventud nunca se iba a la cama sin haber diseñado, al menos, un nuevo proyecto. Esbozaba primero sobre papel un dibujo sobre la idea y luego creaba personalmente un prototipo de pequeñas proporciones en arcilla o cera, a partir del cual podía corregir la idea original.

 

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Detalle de "Psique reanimada por el beso del amor";  Museo del Louvre, París.

Forjaba así detalles minuciosos no muy propios de su época que hicieron de su producción algo único. En sus biografías se le declara un hombre muy cercano y en una entrevista sobre su trabajo así lo demuestra: “No hay nada más precioso para mí que el tiempo (…) sin embargo, cuando estoy terminando un trabajo y cuando se ha finalizado, siempre lo retomaría de nuevo y también otra vez después si fuera posible, porque la fama no está en la cantidad, sino en pocos y bien hechos; procuro encontrar en la materia un no-se-qué de espiritual que le sirva de alma, la pura imitación de la forma se convierte para mi en muerte, tengo que ayudarla con el intelecto y volver noble estas formas con la inspiración, simplemente porque me gustaría que tuvieran una apariencia de vida”.

Son estos detalles en sus trabajos por lo que podemos decir que Canova rompe con lo “visto” hasta el momento, sus esculturas evocan el tacto, la suavidad, el “calor” del mármol vivo. Quizá nos pueda recordar a la leyenda de Pigmalión, quien enamorado de una de sus estatuas soñó que esta cobraba vida, deseo llevado a cabo por la diosa Afrodita cuando éste derpertó.

La escultura, en este caso, sobrepasa los límites de lo visual. Rompe las dimensiones que observamos en una fotografía, se convierte en realidad. Tal vez si nos encontráramos frente a una de sus maravillosas obras creeríamos que las cárites (Las tres gracias) romperían su abrazo para proseguir con la función de entretener a los invitados en los banquetes de los dioses; o que, en otro caso, Psique acariciaría suavemente a Eros y, de un momento a otro, éste podría levantar el vuelo con sus delicadas alas hacia el Olimpo.

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El nacimiento de Venus en el arte.

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        Urano engendró en Gea gigantes, titanes, cíclopes; tan odiados por él mismo, que los enterró en los tártaros de la tierra. Gea, en un sin fin de sufrimiento por su descendencia, decide  vengarse de éste, consiguiendo únicamente la ayuda de su vástago Crono que castra a su padre y arroja su miembro al mar. De éste surgiría un brote de espuma del que emergería Venus, quien impulsada por los vientos de Céfiro, llegaría a la orilla adulta y pura.


                     

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Por fortuna o desgracia, no tenemos en nuestra memoria la considerada primera interpretación de El Nacimiento de Venus (Venus Anandiómena; Apeles), pues esta desapareció, pero si es cierto que sus varias descripciones en la antigüedad, así como frescos y esculturas datados en la Grecia y Roma clásicas, han servido como inspiración para los sucesivos pintores y escultores que la han devuelto a la vida.

 

 

 

                                                              

 

  Fresco de Pompeya, autor desconocido.

                Casa de la Concha de Pompeya, Pompeya. 

“Por los céfiros lascivos empujada

veríais la diosa que del mar salía,

exprimiendo cabellera remojada

entretanto otra mano el pecho cubría.”

Angelo Poliziano, descripción de la Venus Anandiómena de Apeles.

 

                Pero no es hasta después de la Edad Media,  tras la pérdida de control de la Iglesia, cuando renacen la representaciones de la mitología griega y romana. Este resurgir de la cultura clásica hace que emerjan numerosos artistas que deciden hacer rebrotar estas figuras sumidas en la oscuridad durante siglos.

                Todos tenemos en mente, con objetiva razón, la imagen de El nacimiento de Venus de Sandro Botticelli, pero lo interesante de la libertad para interpretar un mismo mito, es la diversidad de vertientes que nos pueden ofrecer diferentes artistas de éste. Nos encontramos entonces con imágenes que, aunque carezcan de tanta repercusión, merecen ser mostradas y reconocidas.    

 

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Nos encontramos, por ejemplo, con El Nacimiento de Venus de Adolphe Bouguereau, situada en academicismo del siglo XIX; en ella vemos como la composición se amplía a una Venus rodeada por tritones y nereidas que presenciarían su alumbramiento, y 

de puttis (figuras típicas que ornamentaban las escenas clásicas del Renacimiento, representadas como niños desnudos alados). Se puede observar Bouguereau juega con las dimensiones y alturas.

 

 

   

 

 

 

Nacimiento de Venus, Adolphe Bouguereau.

 Museo de Orsay, París.

 

               Un autor contemporáneo a Bouguereau nos muestra, sin embargo, una obra completamente diferente a nivel de composición. Aunque ambos pertenecen al academicismo del siglo XIX, en este caso, Henri Pierre Picou nos muestra un nacimiento de Venus en donde sólo encontramos la imagen de la misma diosa, en actitud de plenitud y descanso. Con un fondo que carece de luz, brinda mayor relevancia a la figura de la deidad que al mundo que la rodea, exaltando más la figura de la diosa en sí y no tanto el hecho de su nacimiento.


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                                                 El Nacimiento de Venus, Henri Pierre Picou.

               Museo de Orsay, París.

 

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Contemporáneo a Botticelli, encontramos la Venus Anandiómena de Tiziano, quien perteneciente al mismo movimiento, no a la misma escuela (escuela Veneciana), nos enseña la escena relatada en el propio mito del momento en que Afrodita/Venus escurre el agua de su cabello.

Vemos aquí una impresión mucho más oscura, quizá mostrando así un nacimiento más terrenal en el que la diosa aparentemente sale a pie del agua, sola, sin tener presente mayor ornamentación en su nacimiento más que una concha flotando en las mismas aguas.

 

 

 

                                                                                                                                   

 

 

Venus Anandiómena, Tiziano.

                                                                                                                             Galería Nacional de Escocia, Edimburgo.

 


           

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Por último y cambiando de modalidad artística, tenemos una representación escultórica del nacimiento de Venus. El Trono de Lodovisi es un bajorrelieve que nos muestra a Afrodita saliendo del mar siendo vestida por las Horas. La pieza se encontró en 1887, en lo que anteriormente era el inmenso terreno de la Villa Ludovisi en Roma. Presuntamente, la pieza pertenecía a la parte posterior de la decoración de un trono.

 

 

 

 

 

Trono Ludovisi, autor desconocido.

 Museo Nacional Romano, Roma.

 

                Este es un pequeño abanico de imágenes dignas de conocer dentro de las representaciones no tan conocidas del nacimiento de Venus, pero existen muchos otros artistas que podríamos nombrar, como Alexandre Cabanel (1863), Antonio Lombardo (1516), Juan Auguste Dominique Ingres (1848), Theodore Chaisseau (1838), entre otros, que nos pueden dar otras visiones de lo ya conocido.

Como podemos comprobar el arte siempre nos muestra diferentes formas de apreciar la belleza dentro de un mismo concepto, en este caso, dentro de un mismo mito.

En Decorar con Arte queremos acercar a nuestras vidas  la mayor cantidad de posibilidades que puedan brindarnos gratas sorpresas en diferentes modalidades artísticas. 

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Somos lo que nos rodea.

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El neurocientifico Colin Ellard (Londres. 1958) es uno de los expertos en dictaminar cómo reaccionará el individuo a las caracteristicas de un lugar. En una de las principales investigaciones que lleva a cabo en participación con planificadores, arquitectos y diseñadores urbanos, han desarrollado un método en el que analizan los datos físicos y psicológicos de una persona cuando se la involucra en paseos por la ciudad, en ambientes arquitectónicos, etc. Este método mide aspectos cognitivos ligados a la memoria y capacidad de atención al movimiento ocular e incluso sus ondas cerebrales. Todo ello en busca de entender los principios que explican cómo las variables en el diseño urbano inciden en la psicología humana y su calidad de vida.

Lo que se está poniendo de manifiesto es la gran influencia que el entorno ejerce sobre nosotros y nuestra calidad de vida

Desde Decorar con arte hemos apostado desde el principio por el bienestar de nuestros clientes convencidos de que la belleza en la decoración aporta valores únicos y esenciales para el ser humano

Nos hacemos semejantes a lo que contemplamos.” decian los griegos.

Para saber más acerca de la investigación del neurocientífico cognitivo Colin Ellard les dejamos el siguiente enlace:

http://www.lavanguardia.com/vivo/20160521/401937187894/culturas-psicogeografia-colin-ellard.html

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Gustav Klimt

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Gustav Klimt (1862-1918) sabía mostrar en un solo cuadro el espíritu del esplendor que vivía Austria en 1900, pero renunció a ser un mero cronista de lo que el escritor austriaco Stefan Zweig llamó “la edad de oro de la seguridad burguesa”.
No quiso saber nada de la fama y se entregó a las mujeres que podemos encontrar en sus pinturas, mágicas e irresistibles, ideales de femme fatale, pero con alma de seres míticos ligados al placer y al exceso. Los hombres, no podían entrar en escena ante las autenticas dueñas en un plan principal.
La sociedad austrohúngara vivía en la armonía absoluta, un esplendor adormecido con manifestaciones artísticas tan correctas como bellas, siempre acordes con el historicismo. La obligada contención femenina era un reflejo más de la represión sexual de los vieneses, un caldo de cultivo ideal para Sigmund Freud que desarrolló en esos años s teorías sexuales sobre el origen de las neurosis'El beso' (1908), la obra cumbre de la 'etapa dorada' de Klimt.
Dando un paso más, Klimt se atrevió a mostrar la superioridad erótica de la mujer con el simbolismo sensual, las expresiones de descaro, los dorados y los motivos geométricos de las vestimentas y los tocados de sus personajes.
Dentro de nuestra web, se pueden encontrar numeras reproducciones de este maravilloso autor.
 
 
 
 
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Deconsol. 12,5x12x10cm

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La fama de Josep Llimona se debe sobretodo al tratamiento que da al desnudo femenino. Esta hermosa escultura realizada entre 1903 y 1907se enmarca todavía en el periodo de permanencia de la idea clásica, antes de la revolución cubista y abstracta. Esta escultura, de naturalismo depurado, recibe su nombre de su postura abatida, sumida en la melancolía. El desnudo da una gran fuerza a la talla, a la vez que sensibilidad y delicadeza. El íntimo contacto con la  base apenas sin trabajar da una misteriosa sensación de unión y liberación de  su lugar de origen. Aquí les dejamos una reproducción de su obra Deconsol, que se encuentra en el Museu Nacional Art de Catalunya.

Aquí puede acceder a la pieza.

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La piedad de Miguel Angel. 26x27x17cm

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Una de nuestras piezas más populares es la de "La piedad" de Miguel Ángel Buonarroti.

La Piedad del Vaticano (1498-1499) es una obra de fama mundial de la escultura del renacimiento de Miguel Ángel Buonarroti, que se encuentra en la Basílica de San Pedro, Ciudad del Vaticano. Es la primera de una serie de obras del mismo tema por el artista. La estatua fue encargada por el cardenal francés Jean de Bilhères, quien fue un representante en Roma. La escultura, en mármol de Carrara, fue hecho para el monumento funerario del cardenal, pero se trasladó a su ubicación actual, la primera capilla a la derecha según se entra en la basílica, en el siglo 18. Es la única pieza Miguel Ángel nunca firmó.

Aquí puede conseguir esta bella pieza.

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Figuras nacimiento de christo (5 figuras). 22,5cm

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Están llegando las fechas de Navidad y algunos de nosotros nos preparamos nuestro pequeño belen en casa, aquí os dejamos un conjunto de 5 figuras del nacimiento de Cristo.

Aquí puede encontrar esta oferta.

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Figura dorada. Esfinge de los Higuerones. 11cm

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Una de nuestras últimas innovaciones es esta figura dorada de la "Esfinge de los Higuerones" sobre una base. Se trata de una reproducción de una figura de bronce fundido del siglo VII antes de Cristo y que se encuentra en el Museo de Linares.

Aquí puede encontrar esta pequeña maravilla.

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