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El David de Miguel Ángel

El David de Miguel Ángel

 

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El "David" de Miguel Ángel Buonarroti

En 1501, varias corporaciones locales de Florencia (el gremio de Mercaderes de la lana, los representantes del Duomo, la oficina de trabajos de la Catedral de Florencia) encargan a Miguel Ángel la ejecución de una escultura inspirada en reyes y profetas del Antiguo Testamento, para situarla en los contrafuertes externos del ábside de la catedral Santa María de las Flores. Para ello recibe un bloque de mármol de Carrara de unos 5 metros y medio, apodado "el gigante", y que desde 1464 distintos escultores habían intentado trabajar sin éxito. Tras un mes, Miguel Ángel empieza a esculpir una escultura monumental, sacando de la piedra lo que él denominaba el "alma" de la piedra.

Así es como el genial artista veía el proceso artístico; para Miguel Ángel, un  bloque de piedra escondía en su interior una forma, una imagen. Su labor era tratar de "sacar" a la luz esa forma, quitando toda la piedra sobrante que la recubría. Es por eso que el escultor tuvo éxito donde otros fallaron, tomando un bloque colosal de piedra y transformándolo en una de las mayores obras maestras del arte.

Tanto fue así, que, dos años más tarde, tras verla terminada, los ciudadanos de Florencia abandonaron la idea original de situarla la en el emplazamiento anteriormente previsto, para erigirla en la Piazza della Signoria, como símbolo de la libertad de la República florentina.

En el David se adivina el fuerte carácter de su escultor, quien, sin haber cumplido los 30 años, y tras haber realizado obras importantes como la Piedad en el Vaticano, regresa  a Florencia dispuesto a dejar su sello personal con la ejecución del David, lo cual le granjeó problemas con otros escultores. el resultado fue un David colosal, alejado de los realizados por otros  artistas contemporáneos, como Donatello y Verrocchio.

Tumba de Lorenzo de Medicis (Miguel Angel)
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Escultura de 20.5x19.5x7cm Escultura de 20x11x20cm Escultura de 20.5x17x7cm

119._David._Miguel_Angel._DetalleMientras que estos representan al rey hebreo como un muchacho púber y andrógino, con la honda y el sombrero de pastor, junto con los restos del vencido gigante Goliat, aquí Miguel Ángel se distancia de esta iconografía, haciéndolo aparecer como un hombre en su plenitud, siguiendo el modelo del clasicismo  de los atletas griegos. Está más cerca de la belleza apolínea de un doríforo que del pastor hebreo de sus antecesores.

Sin embargo, el escultor florentino se aparta también de la armonía clásica griega, infundándole la terribilità, que se manifiesta en la poderosa anatomía del David, en la dura mirada que dirige al frente o en el trabajo de las proporciones, siendo las manos y la cabeza  un poco más grandes en comparación con el canon clásico. Esto era  debido a la idea de que se viera desde lejos, para contrarrestar las proporciones.

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El David de Donatello

Se discute si el David está representado en el momento anterior o posterior al ataque de Goliat. La honda apenas se distingue, y no hay rastro del filisteo. Lo más aceptado es que sea el momento previo al ataque, en el que el héroe toma la decisión de atacar a su rival. Esa decisión se percibe en la relajada tensión del cuerpo, como una cuerda de un arco a punto de ser tensada. A ello ayuda el contraposto de la pierna izquierda, realizando un arco que se contrapone con la otra pierna. También se ve en la relajada caída del brazo derecho frente a la flexión del izquierdo, el que sostiene la honda y la piedra. Así como el ceño fruncido y la mirada fija al frente.

 

Moisés
Moisés de Miguel Ángel

Se pueden contemplar entonces dos líneas de fuerza: una vertical del brazo y la pierna derecha, sobre la que se sostiene,  y la otra ejercida por el brazo izquierdo y la pierna ligeramente flexionada, en un contraposto poco pronunciado, poco "praxitélico", en contraste con el que aparece en el David de Donatello.

El realismo  de la musculatura y la fuerza contenida es lo que caracteriza la terribilità , que se pondrá de manifiesto en posteriores obras de las que destacan el Moisés, del cual se dice que lo golpeó con el cincel pronunciando las palabras "¡Levántate y anda!"

Esta impresión se refuerza ante la tranquila fuerza del David, transmitiendo la sensación de  que no estamos ante un frío bloque de mármol, sino ante algo dotado de vida.

Cristina Díaz