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Los orígenes del Arte. Salomón Reinach. (APOLO,...

Los orígenes del Arte. Salomón Reinach. (APOLO, Historia general de las artes plásticas)

 

LOS ORÍGENES DEL ARTE

El arte es un fenómeno social.- EI arte de los salvajes y el de los niños.-Primitivas manifestaciones del instinto artístico.- El arte en el período cuaternario.- El arte de los cazadores de renos.- Pinturas prehistóricas en las cavernas.- Las cavernas del Périgord y de los Pirineos.- La simpatía como forma del ideal en las primitivas obras de arte.

    La industria humana es hija de la necesidad. Desde los orígenes  del hombre, éste hubo de construirse herramientas, armas y vestidos, y ponerse al abrigo de la intemperie y de los ataques de los animales salvajes. Fue industrial por necesidad, llegando a ser artista por gusto. La obra de arte difiere, por su carácter esencial, de aquellos otros productos de la actividad humana que responden únicamente a las exigencias inmediatas de la vida. Fijémonos en un palacio, en una estatua o en un cuadro: el primero podría ser sólo una gran casa, y, sin embargo, ofrecer un abrigo bien seguro; aquí, el elemento artístico está sobreañadido al de utilidad. En una estatua o en un cuadro, ésta no existe más que en un sentido remoto; el elemento artístico domina él solo.

    Así, el elemento artístico, ya vaya unido a la utilidad, ya exista él de por sí, es siempre un producto de la actividad humana, pero particularmente libre y desinteresada, cuyo fin no es la satisfacción de una necesidad inmediata, sino el despertar en nosotros un sentimiento, una emoción viva (la admiración, el placer, la curiosidad y a veces el terror).

tatuaje estrambótico

    El arte, en cualquier grado que se manifieste, se nos presenta bajo el doble aspecto de un lujo y de un juego. Teniendo por objeto despertar un sentimiento en otra persona, es el arte, en primer término, un fenómeno social. Se fabrica una herramienta para servirse de ella uno mismo, pero se la decora para que agrade a nuestros semejantes o para que provoque en ellos su aprobación.

NInguna sociedad. por rudimentaria que haya sido, ignoró el arte; existe en germen en el tatuaje estrambótico con que los salvajes cubren su cuerpo, así como en el esfuerzo que éstos para dar una determinada forma al mango de su hacha o de su cuchillo.

    El estudio del arte primitivo puede hacerse de dos modos: por la observación de los salvajes actuales, o por los vestigios que han dejado enterrados en la tierra los salvajes de las épocas más remotas. Es interesante la comprobación de estos dos métodos, pues se ve que ambos conducen a los mismos resultados, con ligeras diferencias. El arte se manifiesta en sus principios por el gusto a la simetría, que es análogo al ritmo de la poesía y de la música, y por el color, no dispuesto éste de manera que forme imágenes, sino aplicado o puesto sencillamente para deleitar con su contemplación. Después se complace en trazar ornamentos compuestos de líneas rectas o curvas, paralelas o quebradas. Más tarde, el hombre va ensayan-do el reproducir la figura de los animales que le rodean, y lo hace en bulto primero, luego en relieve y en dibujo, y, por último, se atreve, aunque tímidamente, a imitar la figura humana y la de los vegetales. Esta evolución puede observarse estudiando la vida de los niños en nuestras sociedades civilizadas, vida que es una imagen del estado primitivo del hombre. El niño ama sucesivamente la simetría, el color, la yuxtaposición y la coordinación de las líneas; cuando comienza a dibujar, garrapatea primero siluetas de animales que le interesan mucho más que la de sus semejantes; más tarde es cuando llega a dibujar hombres y plantas.

    Una ciencia nacida en el siglo XIX, la arqueología prehistórica, nos ha revelado las obras de la industria humana en una época remotísima, anterior en muchos siglos a las pirámides de Egipto y a los palacios de los reyes babilónicos.

    Esa época es aquella que han apellidado los geólogos cuaternaria, puesto que es la última de las cuatro grandes épocas geológicas. El aspecto del mundo era entonces muy diferente al de hoy día; por ejemplo, Francia estaba unida a Inglaterra por el Paso de Calais; Sicilia a Italia por el Estrecho de Mesina; Suecia, Dinamarca y Escocia hallábanse cubiertas por los hielos polares; los glaciares de los Alpes eran enormes, y uno de ellos descendía hasta Lyon. En la época cuaternaria existían en Francia caballos, toros y cabras, pero vivían en estado salvaje: el hombre aún no los había domesticado, e ignoraba la práctica del cultivo de las tierras: se alimentaba entonces sólo con el fruto de los árboles y los productos de la caza y de la pesca. Junto con esos animales, parecidos a los que existen hoy, había otros que han desaparecido de la tierra, como el mammuth y el rinoceronte de narices tabicadas; había otros que sólo habitaban en países más cálidos que el nuestro, como el hipopótamo, la hiena y el león, o en países más fríos, como el reno. El hombre, armado con bastones, hachas de sílex y puñales de cuerno, cazaba los toros, los caballos o los renos, o bien se apoderaba de ellos por medio de cepos, y nutríase con la carne de esos animales. Armado con un arpón, cuya punta era de hueso o de cuerno, mataba los peces, con los cuales se alimentaba también.

    La época cuaternaria duró miles de años, acabando hacia el año 12000 a 10000 antes de la Era cristiana, según los cálculos más moderados de los geólogos. Acabó cuando el clima, la flora y la fauna fueron ya, poco más o menos, como son en la actualidad: cuando el último reno de los Pirineos o de los Alpes desapareció con el último mammuth.

    Comenzamos en la actualidad a conocer con alguna exactitud dos fases de esta larga época: una más antigua, cuyo clima era más cálido y húmedo; la otra más cercana a nosotros, cuyo clima era frío y seco.

hachas de sílex

    Durante la primera fase, el hombre, cazador o pescador, vivía al borde de los ríos o de los lagos, más grandes entonces que ahora. Fabricaba hachas de sílex, que en la actualidad se encuentran a millares, enterradas a gran profundidad, bajo las arenas acumuladas por las avenidas de los ríos, principalmente en Saint-Acheul, en el Somme, y en Chelles, en el Marne. Muchas de estas hachas, de forma triangular u oval, están talladas con una gran maestría, y presentan contornos regulares que atestiguan el gusto por la simetría que tenía el hombre primitivo.

    Es probable que éstos vivieran al aire libre o guareciéndose en cabañas hechas de ramaje; ningún vestigio se ha encontrado de estas primitivas viviendas.

    En la actualidad poseemos muchos más conocimientos de la segunda época, en la que el reno, que no existía en la primera, llegó a ser tan abundante como el toro y el caballo, y suministró a los hombres, además de una carne muy excelente, astas, huesos y tendones que sirvieron para los primeros ensayos de la industria del arte.

Cueva Chauvet    Se conocen hoy puñales, arpones, barrenas y bruñidores construidos con astas y huesos de reno; también se conocen esculturas con relieves y dibujos labradas en estas materias. El hombre, que se nutría con la carne de los renos, observó las cualidades colorantes de ciertas tierras, y particularmente la del ocre. Tuvo predilección por los colores vivos, y es probable que con ellos se pintara el cuerpo, como hacen en la actualidad los salvajes. Pero aún hizo más. Sobre las paredes o en los techos de las cavernas, en las que buscaba un abrigo contra el frío, que era riguroso entonces durante nueve meses del año, se complacía en grabar y pintar animales con una seguridad de mano verdaderamente extraordinaria. Desde hace algunos años han ido descubriéndose pinturas prehistóricas, de un interés capital, en muchas cavernas del Périgord y de la región pirenaica. En las cavernas de Francia, en las que ha podido, observarse la existencia de capas superpuestas pertenecientes a civilizaciones distintas, se ha comprobado que las figuras corpóreas esculpidas en la piedra, en huesos de mammuth o reno, hállanse enterradas más profundamente y son, por consecuencia, más antiguas que las figuras en bajo-relieve y los dibujos. Estos, hechos con punzón, atestiguan un gran perfeccionamiento artístico, y son contemporáneos de las pinturas que presentan los mismos caracteres y merecen igual admiración.

    La nota más culminante de mas obras es el realismo con que están hechas. Nada hay en ellas que sea producto de la fantasía; aislados o agrupados, aquellos animales son reproducidos con una corrección tal, que ningún ejemplo parecido presenta el arte de los salvajes modernos.

    El segundo carácter es la sobriedad; no existen detalles inútiles; algunas figuras de animales, pintadas o grabadas en esa época, pueden sostener la comparación con hermosos dibujos de animales hechos por artistas modernos. Y, por último -y esto es quizá lo más extraordinario-, el arte de los cazadores de renos está lleno de vida y de movimiento; gustaban representar a los animales en actitudes vivas y pintorescas; sabían sorprenderlas en el natural y reproducirlas luego con una exactitud asombrosa.

    Bien entendido, todas las obras del arte de las cavernas no merecen ciertamente tales elogios; pueden éstos únicamente aplicarse a unos treinta o cuarenta objetos (esculturas, grabados o pinturas), entre unos cuantos cientos que han podido recogerse y dado a la publicidad. Y es que entonces, como en todos los tiempos, hubo artistas excelentes y otros mediocres. Pero en esta excursión rápida que hacemos por el campo de las artes plásticas de todas las edades, sólo hemos de ocuparnos de las obras maestras, y las de la edad del reno realmente son dignas de ese nombre.

pinturasparietaleshuahan1200-200a-c    ¿Cómo y en dónde se formó ese arte? Indudablemente, esos hermosos productos son el término de un largo progreso. El hombre cuaternario, como el hombre moderno, tendría innato el sentimiento artístico, pero no nacería hecho ya un artista; hacía falta para serlo una larga serie de generaciones que poco a poco fuesen elaborando los elementos de la técnica artística, y así llegaron a dibujar correctamente la silueta de un animal, valiéndose para ello de un trozo puntiagudo de sílex. Conocemos aún poco esa época para poder.trazar las etapas del desenvolvimiento de que os hablo. Es posible, y hasta probable, que éste comenzara en otra parte de Europa, pues el reno no existía en Francia durante la fase cálida de la edad cuaternaria; había de abundar en las regiones septentrionales, y todas las apariencias nos hacen creer que los antepasados de los cazadores de renos del Périgord y de los Pirineos vivirían entonces con su caza favorita. Sin embargo, la evolución del arte en ese centro primitivo no hubo de extenderse muy lejos; sin duda alguna, en la cuenca del Garonne, se aceleraría y llegaría a su término.

    Cuando acabó el período frío, el reno desapareció súbitamente y fue reemplazado por el ciervo. En esta época que marca el final de los tiempos cuaternarios, los grabados llegan a ser muy raros; luego desaparecen por completo. La civilización de los cazadores de renos hubo de extinguirse en esos sitios, o bien emigró detrás de los renos hacia el Norte de Europa. Pero hasta el presente no se ha encontrado de ella traza alguna, ni ha podido tampoco establecerse seriamente una conexión entre el arte de los cazadores de renos y el de las civilizaciones más antiguas, aunque ciertamente mucho más recientes que la de ellos, del Egipto y Babilonia.

    Así, la civilización de Francia en los tiempos cuaternarios forma en los comienzos de la historia del arte un dominio distinto. Sucesivamente se ve aparecer en ella el gusto por la simetría, la escultura, el bajo-relieve, el grabado y la pintura. De todas las grandes formas del arte, faltó únicamente la arquitectura.

grabados de renos sobre un hueso
Grabados de renos sobre un hueso

La obra maestra del arte que nos ocupa, es sin duda alguna, el grupo de renos grabados sobre un hueso de este animal, y descubierta en la  gruta de Lorthet. Primero se perciben las patas traseras de un reno que se aleja al galope; después sigue otro reno, también galopando, y, por último, detrás de éste hay otro, una hembra que vuelve la cabeza con movimiento rápido y con sus bramidos llama a un cervatillo. Las actitudes de los tres animales son tan propias, que la fotografía instantánea de un caballo al galope las da exactamente iguales; sólo en nuestros días el pintor Morot, aleccionado por la fotografía, ha llegado a reproducir esas actitudes, que los pintores todos de las épocas intermedias habían ignorado. Entre los renos citados, y para llenar los huecos, el artista ha reproducido figuras de salmones; encima del ultimo reno hay grabados dos losanges agudos, en los que M. Piette ha pretendido ver una firma.

    Ahora bien, ¿qué papel desempeñan allí los salmones? Indudablemente, una idea religiosa explica esa asociación de los grandes pescados y de los renos; el artista quiso reunir las dos variedades de animales que proporcionan el principal sustento a su clase o tribu. Es notable, en efecto, que los animales representados por el arte cuaternario pertenezcan todos a especies comestibles, de las cuales los salvajes pintaban o grababan sus imágenes, como para atraerles por una especie de mágica simpatía. Los civilizados hablan con frecuencia, y de un modo hiperbólico, de la magia del arte; los primitivos creían en ella.

    Muy recientemente, en una gruta del departamento del Indre, se ha descubierto una placa de esquisto adornada con un reno galopando. Es un ejemplo más de ese gusto por el movimiento que, junto con la precisión y la sobriedad de los contornos, caracteriza a los mejores artistas de esa época.

Gruta de Altamira relieve de bisontes modelados, Tuc d'Aubert (Ariège, pirineos franceses)
Pinturas de la gruta de Altamira Relieve de bisonte, Tuc d'Aubert
(Ariège, pirineos franceses)

Entre las pinturas, las más hermosas -copiadas en 1902- son las de la gruta de Altamira, cerca de Santander, en España; puedo presentaros también algunos ejemplares del más grande interés descubiertos en las cavernas de Périgord. Y un grupo esculpido en bulto, en arcilla, encontrado en 1912 en una gruta del departamento del Ariége.

    De una de estas grutas procede una lámpara de piedra, adornada con un hermoso grabado que reproduce la figura de un reno. Los artistas debían usar tales lámparas para grabar pintar sus figuras, puesto que las partes de las grutas decoradas por ellos, salvo excepciones, están a obscuras aún en pleno día.

    ¡He aquí, después de tantas sorpretas, la cosa más asombrosa! Esas pinturas contienen con frecuencia más de cien animales de grandes dimensiones, no siendo posible a los artistas ejecutar tales obras más que alumbrándose con  luz artificial, con la cual solamente pudieron verlas los moradores de las cavernas. ¿Por qué, pues, se tomaban tanta molestia de realizar esos trabajos  artísticos? ¿Era sólo para encantar la mirada de los cazadores de renos, cuando por la noche se refugiaban en el fondo de las grutas y nutríanse con los productos de su caza, alumbrada la vivienda con la luz de las lámparas humosas, en las que ardía la grasa del reno sacrificado por ellos?.

    No es posible admitir tal hipótesis. Antes he indicado el carácter mágico de las obras de arte, esculpidas, grabadas o pintadas por el hombre primitivo. Nos muestran los primeros pasos de la humanidad en la senda que conduce al culto de los animales (Egipto), después a la de los ídolos en forma humana (como en Grecia), y, por último, a la de la divinidad concebida como un espíritu puro. El estudio de la religión naciente se confunde, en cierto modo, con el de los comienzos del arte. Nacidos en apretado lazo, el arte y la religión siguen unidos estrechamente durante largos siglos; su afinidad es aún sensible para aquellos que hoy día reflexionan sobre esta materia.

Salomón Reinach. (APOLO, Historia general de las artes plásticas)

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