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La diosa Hebe en el arte.

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La diosa Hebe en el arte.

                La juventud, preciado estado del ser, siempre deseada desde la infancia y añorada en la madurez, fugaz y eterna; etapa en la que delineamos gran parte de nuestra persona, conforma una época en la que la intensidad forma parte del día a día y en la que los errores suelen tener, en la mayoría de las situaciones, varias y optimistas vías para encontrar una solución.

 

     Sentados en el áureo pavimento junto a Zeus, los dioses celebraban consejo. La venerable Hebe escanciaba néctar, y ellos recibían sucesivamente la copa de oro y contemplaban la ciudad de Troya.

                                                                                                 La Ilíada; Hesíodo.

               

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Panteón Griego Tommaso Piroli, basado en dibujo de John Flaxman

 

                En la mitología, Hebe, es hija de Hera y Zeus, diosa de la juventud, representada como una doncella muy hermosa (la de hermosos tobillos) y, generalmente, llevando un vestido sin mangas, con la tersa desnudez nacarada de una joven diosa tocada de flores y elevada al Olímpo sobre las alas del águila, icono de su padre Zeus.

                En el Olimpo, los dioses se reunían para decidir sobre la fortuna del mundo, ajusticiar los actos de los hombres y velar por la seguridad de la tierra, entre otras cosas; mientras, Hebe, era la encargada  de evitar que éstos tuvieran sed, sirviéndoles el néctar y la ambrosía, brindándoles así la vida eterna.

     Sírveme los pescados del mar, los frutos de la tierra y las aves del aire, y no hallaré nada que estimule mi apetito. Si la hermosa Hebe, con solícita mano, me brindase el néctar y la ambrosía que beben y comen los dioses, su rico sabor no excitaría mi paladar embotado y, como un peso incómodo, fatigaría tenazmente mi estómago.

Las pónticas; Ovidio.

 

                Es considerada perteneciente al grupo de los dioses menores, a pesar de su valioso poder de tener la capacidad de rejuvenecer y dar vitalidad a mortales y animales. Después de que Zeus quedara prendado por Ganímedes, en el deseo de tenerlo entre los dioses en el Olimpo, acusó a Hebe de haber tropezado mientras servía para sustituirla por éste, recién traído desde la tierra por el águila que Zeus envió en su busca, quedando Hebe relegada aún más a un segundo plano.

 

 

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Hebe, Bertel Thorvaldsen (1806); Museo Thorvaldsen, Copenhague.       

 

  Posteriormente, al reconciliarse Hera con Heracles y ser este admitido en el Olimpo, Zeus le entregaría a Hebe como esposa, siendo símbolo de la eterna juventud recién adquirida por el héroe ahora inmortal.

          Dentro del arte, el mito y las cualidades de la diosa tienen mucha relevancia, lo que ha hecho que muchos artistas fuesen impulsados a representarla añadiendo ciertos matices según la época.

                En la antigua Roma, por ejemplo, la diosa, llamada Junventas, adquirió una fuerte connotación política, ya que se la utilizaba como icono de la juventud del Estado, el cual se renovaba continuamente y reflorecía. También tenía una fuerte relación con el proceso iniciático de los jóvenes en la vida civil, los muchachos presentaban una ofrenda a la diosa cuando portaban por primera vez la toga viril.

 

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Retrato de Anna Pitt como Hebe (1792); Elizabeth Louise Vigée-Lebrun.

 

                Muy posteriormente, a finales del siglo XVII, se desarrolló una tendencia en la realización de retratos femeninos, pues todos se presentaban como personificaciones de Hebe. Claramente esto pretendía alabar la juventud y la belleza de la dama retratada.

                Ya en el siglo XIX, con el recién instaurado Neoclasicismo, las escenas mitológicas relacionadas con la diosa se representaron más asiduamente, sobretodo en las que se le puede observar como sirvienta de los dioses.

                La podemos ver como diosa, como etapa de la vida, como retrato de una joven dama... el culto a la juventud en sí trasciende a todos los tiempos del ser humano.  De una forma u otra, como ya mencionamos, su presencia en nuestra vida es siempre deseada, añorada tras su paso y deseada desde la infancia.

                Quizá en Hebe podemos establecer el icono al que alabar, una deidad en la cual buscar la presencia de la eterna juventud más allá de los años. 

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